Brasil subasta la Amazonia, moneda de cambio de la crisis política
El lagarto Bachia remota
fue bautizado por primera vez en mayo de este año. El reptil, con unos
dedos más funcionales que los de otras especies, fue catalogado en un
lugar recóndito del parque nacional de las montañas de Tumucumaque, en
la frontera de Brasil con la Guayana Francesa. Este pedazo de selva
amazónica es de los menos alterados del país y su biodiversidad no deja
de sorprender a los científicos. "Es un lugar estratégico de
conservación, cada vez que hay una expedición se encuentran especies nuevas, lo que nos hace pensar que aún hay mucho por descubrir", explica a EL MUNDO Cassandra Oliveira, analista ambiental del parque.
Una
parte de este tesoro natural está dentro de un espacio más amplio: la
Reserva Nacional de Cobre y sus Asociados (Renca), un gigantesco
territorio de casi 47.000 kilómetros cuadrados (el tamaño aproximado de
Dinamarca o Aragón) situado entre los estados brasileños de Pará y
Amapá.
Esta reserva se ideó en 1984, durante la dictadura
militar, para proteger sus importantes reservas de oro, hierro y
manganeso de los intereses extranjeros. Con el tiempo, dentro de la
reserva se crearon parques naturales de diferentes categorías y reservas
indígenas, de los indios Wajãpi. La explotación minera nunca llegó.
Hasta ahora: el pasado 23 de agosto el Gobierno brasileño de Michel Temer extinguió por decreto la reserva nacional y abrió sus puertas a la industria minera.
La
decisión unilateral provocó un aluvión de críticas de partidos de la
oposición, ecologistas y celebridades nacionales como Gisele Bündchen y
Caetano Veloso. En apenas unos días se recogieron 800.000 firmas contra el decreto y contra otras medidas similares que en los últimos días solo traen malas noticias para el pulmón verde del planeta.
La Justicia se ha puesto de lado de los críticos con el proyecto
y el pasado 30 de agosto el juez del Distrito Federal Ronaldo Spanholo
suspendió "todo y cualquier acto administrativo" relacionado con el
decreto, alegando que la Constitución no permite que el Gobierno tome
una decisión de tal calado sin previa deliberación del Congreso
Nacional.
Si el Gobierno recurre el conflicto podría
llegar al Tribunal Supremo Federal, pero de momento el Ejecutivo de
Temer optó por ganar tiempo y este jueves anunció que suspende los
efectos del decreto durante 120 días para abrir un "amplio debate" son
la sociedad sobre alternativas para la protección de la región.
En
el Senado se está tramitando un proyecto de ley para rebajar el nivel
de protección de la Selva Nacional de Jamanxim. Un área de 350.000
hectáreas bajaría un escalón en su nivel de protección, lo que daría luz
verde a actividades rurales y mineras y a otorgar títulos de propiedad a
los que ocuparon la zona ilegalmente en el pasado.
La amazonía se subasta en Brasilia
Y
es que el futuro de las frondosas selvas del norte del país se decide a
miles de kilómetros, en Brasilia, donde el Congreso Nacional se
convirtió en un mercado de compra y venta de votos y la Amazonia en la
mejor moneda de cambio, según denuncian organizaciones ecologistas como
Greenpeace.
"El presidente Temer está llevando a cabo
negociaciones a cualquier coste, necesita votos desesperadamente y los
parlamentarios ruralistas, para apoyarle, pusieron encima de la mesa
proyectos de ley que estaban aparcados durante décadas y no conseguían
aprobar", lamenta el coordinador de políticas públicas de Greenpeace
Brasil, Marcio Astrini, en declaraciones a EL MUNDO.
El presidente Temer fue denunciado por corrupción
el pasado mes de mayo, pero sólo sería juzgado por el Tribunal Supremo
con el aval de los diputados. El Gobierno puso todo su empeño (repartió
dinero, altos cargos e hizo promesas de todo tipo) para garantizarse el
máximo número de votos para aparcar la denuncia. Lo consiguió, pero
ahora llegó la hora de saldar las deudas.
El 'Frente
Parlamentario de la Agropecuaria' reúne a 231 diputados y 25 senadores
con intereses en el poderoso sector agrícola y ganadero de Brasil, uno
de los principales pilares de la economía del gigante suramericano, pero
también la principal causa detrás de la deforestación de sus selvas.
Estos diputados siempre fueron decisivos en la política brasileña, pero
ahora se sienten más fuertes que nunca. Por primera vez cuentan con un
aliado en la presidencia dispuesto a escucharles con cariño, enfatiza
Astrini.
"Estamos en el peor momento, en el peor retroceso ambiental que vive Brasil en los últimos 30 años;
los ruralistas están consiguiendo que se aprueben proyectos de ley que
en ocasiones llevaban décadas en un cajón, y lo están haciendo deprisa,
de la noche a la mañana", denuncia.
128 campos de fútbol de selva desaparecen por hora
Además
de la extinción de la Renca o de la selva de Jamanxim otros proyectos
de ley van saliendo adelante con menos ruido mediático: se amnistía a los terratenientes que se apropiaron de tierras públicas,
se permite la venta de tierra a extranjeros (lo que facilita que la
selva acabe en manos de multinacionales) y se debilita la legislación
medioambiental, al tiempo que no cesan los recortes presupuestaron a los
organismos del propio Gobierno encargados de controlar las
irregularidades en la selva.
"Se da incentivos a quien tala. Lo peor es el reflejo moral de todas estas medidas: el mensaje es que delinquir compensa,
porque la deforestación tarde o temprano es perdonada y el Gobierno
siempre está ahí para otorgar impunidad. Los que cometen ilegalidades no
sólo se libran de pagar por ello, sino que salen fortalecidos", lamenta
Astrini.
Las medidas del Gobierno brasileño para
satisfacer a los diputados ruralistas se están aprobando por decreto o
incluso por vía de urgencia constitucional. Las prisas se explican
porque se espera que Temer esté en la cuerda floja de nuevo en muy pocos
días, cuando el fiscal general del Estado, Rodrigo Janot, presente una
nueva denuncia, esta vez por un delito de obstrucción a la Justicia.
El
presidente revivirá su calvario y necesitará (otra vez) el apoyo de los
diputados para frenar el proceso judicial y mantenerse en el poder. El
equipo del presidente teme que si los diputados que le apoyaron la
primera vez aún no han visto satisfechas sus demandas se nieguen a
salvarlo de nuevo.
Mientras en Brasilia se resuelven las
intrigas palaciegas en el corazón de la Amazonia, la deforestación
repunta después de varios años positivos. Entre agosto de 2015 y julio
de 2016 se perdieron casi 8.000 kilómetros cuadrados de selva, casi un
30% más que en el periodo anterior. 128 campos de fútbol de selva desaparecen cada hora.
Para los ecologistas las medidas que se están aprobando estos días no
harán más que multiplicar estos números en los próximos años.
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